—¿Cómo la están pasando? —les preguntó, tratando de hacer plática.
—De maravilla, muy consentidas —le respondió Kelly.
—Eso me alegra. ¿Quieren un café? ¿Té? ¿Algo? —las veía a las tres, solo que Mónic miraba hacia cualquier lado, tan solo para no cruzarse con su mirada.
Ya suficiente tenía con ese olor que emanaba de aquel hombre.
—Café está bien, gracias —respondió Day.
—Para mí también, pero incluye unas galletitas, por favor —pidió Kelly.
—Para ti, jefa, ¿algo? —esta vez no pudo evitar mira