Capítulo veinticinco

Me sentí entumecida, mi cerebro se negó a funcionar, mis rodillas sentían que no podrían soportar mi peso en ningún momento. La sala estaba llena de gente riendo, charlando, chillando y cantando. Pero no escuchaba nada, no veía nada delante de mí. El mundo parecía haberse desdibujado y todo parecía moverse a cámara lenta, me sentí como si estuviera en una película trágica. Y la única diferencia e

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