—¿Qué piensas? —Marcos se acostó a mi lado. Habíamos llegado a casa y cómo había empezado a llover los dos nos habíamos metimos a mi cama. Era impresionante la confianza que nos teníamos Marcos y yo justo ahora. Si mi madre me mirara en esta situación con un chico se moriría de los nervios.
—En el arete —respondí abrazando mi almohada mientras lo miraba.
—Nunca se lo he visto a nadie. Deben de ser muchos, ¿no crees? —me miró.
—Quizás sí —bostecé un poco cubriéndome la boca— Tengo mucho sueño