Heinrich, al terminar la llamada, se levantó de su silla e inmediatamente caminó hacia la ventana, desde ahí tenía la visión perfecta de Dayana, quien abrazaba y jugaba con su hijo, lucía tan diferente de la mujer que hace unos minutos estaba a su lado.
Aquella escena lo hizo sonreír, pocas eran las personas que podían sorprenderle y Dayana era una de ellas.
Él, por un momento, se quedó callado, mientras pensaba en que no muchas mujeres de su edad pasaban por muchas de estas cosas y las que las