- Bueno, mi abuela lo quería sacrificar, pero no la dejé, él era mi caballo y no tenía la culpa de sus instintos, él es un alma libre y solo él sabe a quién sube en su espalda. Ese tal vez no fue un buen día y yo pagué los platos rotos.
- Hmm… ¡Tienes razón! -dijo Anya admirando más a ese hombre, pues no esperaba que esa fuera la historia entre él y Dominus. - ¿Qué paso después?
- Bueno, pues llegué a Nueva York, llevé un largo tratamiento de rehabilitación, había días buenos y días malos, pero