Luego de aquel cálido beso, Theo y Anya no dijeron nada, solo continuaron bailando y de pronto se volvían a besar con la misma intensidad que el primer beso.
La noche era perfecta, la nieve caía, la luna brillaba en su esplendor, la atmósfera era propia de Navidad.
Al final, cuando regresaron a casa, el camino fue silencioso, pero no incómodo. Cada uno llevaba la mente revuelta, pues lo que había sucedido, no era cualquier cosa, era un gran paso a una nueva relación.
Para Anya, esta había si