capitulo 4

Tres años habían pasado, tres años atada a Leonidas Mavrogenis, tres años de prisión perpetua en Agía Leoní.

Pero doce horas antes todo había terminado, Leonidas Mavrogenis había muerto.

Aida miraba a Elena acomodarse frente al espejo.

— Se ve muy bien tal como el señor quería que vistiera.

— Por supuesto el negro hace juego con mi estado de ánimo dijo Elena.

— No ha dormido ni comido, no sé por qué se castiga así.

— No me castigo, estoy bien dijo Elena colocándose el sombrero el velo negro que cubria su rostro y cabello.

Elena escuchaba el sermón del sacerdote, muchas personas se habían acercado a despedir a Leonidas, habían dejado la isla y se encontraban en Atenas. En todo momento Elena estuvo acompañada por Aida y Yannis el abogado de Leonidas.

Elena había perdido la noción de la cantidad de manos que había estrechado, de condolencias que había aceptado.

A varios metros de ahí, se encontraba Xander vestido de negro no porque le guardará luto, sino porque no quería llamar la atención observaba la escena. Aunque los últimos meses le había dado varios golpes empresariales a Leonidas Mavrogenis, no había podido arruinarlo.

Xander pasó su mirada por cada uno de los asistentes. Cuando finalmente se fijó en Elena, representaba muy bien su papel de viuda doliente. La muy zorra seguramente estaría contando los billetes.

— Disfruta mientras puedas Elena, porque te dejaré en la ruina murmuró Xander colocándose sus anteojos de sol...

Yannis acompaño a Elena a su casa.

—Aida por favor ocúpese de que se alimente y descanse. Te vendré a ver mañana dijo él.

—Gracias por acompañarme Yannis. Aida acompaña a Yannis hasta la salida dijo.

Elena se puso de pie y se dirigió a su habitación mientras Yannis se dirigía a la puerta.

— No la dejes sola, pídele a los custodios que refuercen la seguridad. ¿Su familia se ha comunicado?, pregunto él.

— Sí está mañana, no se lo he dicho pero no podre ocultárselo por mucho tiempo dijo Aida, preocupada por el futuro de Elena.

— Cualquier inconveniente, me llamas no importa la hora dijo Yannis

Xander paró el coche frente a la puerta de su casa y se sintió enormemente aliviado. Escaleras arriba, lo esperaba el ama de llaves, habló con ella brevemente y entró a la inmensa mansión que era el hogar de su madre en Kolonaki , su lugar preferido en el mundo, lo único que le había quedado de la herencia de los Christodoulou y que le había costado recuperar.

Xander se sirvió una copa y fue a la terraza Desde la terraza, él podía ver Atenas entera extendida bajo sus pies. Las luces de la ciudad brillaban como un enjambre silencioso, y a lo lejos la Acrópolis se alzaba inmóvil, eterna, observándolo como un testigo que no intervenía. Aquella casa no estaba construida para refugiar, sino para dominar.

Aquello hizo que Xander apretara los puños se terminó la copa que se había servido y volvió al interior de la casa.

— Xander, sobrino no esperaba verte aquí dijo su tia Hipólita.— ¿ Sabes algo del testamento?

—Aun no, que mas da hemos perdido tantos años unos días no hara la diferencia.

— Ahora esa mujer se quedará con todo lo que nos pertenece dijo Hipólita molesta.

— No lo permitire, la ley me amparara así obtenga el 25% créeme sera suficiente para hacerla a un lado. Ella no disfrutara de lo que era de mi madre.

— Ese dinero te pertenece, pasamos privaciones por culpa de tu padre, no es justo que ella se quede con todo dijo Hipólita con vehemencia.

— No quiero el dinero de Leonidas, para mi te lo cedere todo dijo Xander con determinación.

— Xander es tu...

— No y es mi última palabra. Deja ya ese tema y deja de tomar te hará daño. Porque no te vas de viaje unas semanas, puedes ir de compras, visitar uno de esos spas que tanto disfrutas dijo él mirando con dulzura a su tia.

— ¿Quieres librarte de mí ?, pregunto Hipólita.

— No, solo quiero verte sonreír y disfrutar de todo lo que tenemos dijo Xander.

 Hipólita abrazo a su sobrino.

Esa noche mientras trabajaba en un nuevo contrato, Xander observó la fotografía de su madre.

Ella se había sacrificado mucho porque el tuviera una vida con todas las comodidades, para que pudiera estudiar y convertirse en un profesional, obviamente por ley Leonidas se veia obligado a pasar una cuota alimentaria pero era mínima, se había ocupado de comprar hasta un juez, su madre se había casado con un hombre que la maltrato y humillo. Había confiado en él y solo la habia robado. Durante años había visto llorar a su madre y pasar privaciones.

El sonido de la llegada de un correo, lo saco de sus pensamientos.

Esa noche Elena no podía dormir, Aida le había preparado otra habitación. Se levantó se colocó la bata y empezó a caminar, llegó hasta la puerta de la habitación que había compartido con Leonidas. Su matrimonio al principio ella lo consideraba una pesadilla, pero pese al complicado caracter, Leonidas había sido un buen hombre. Hoy por primera vez era completamente libre.

Al día siguiente Yannis regreso a visitar a Elena.

— Comenzaré los preparativos en quince días, según los deseos de Leonidas.

— Por mí está bien dijo Elena sin entusiasmo.

— Haremos la lectura en Agía Leoní, porque no te vas a descansar allí, tendrás más privacidad. Aquí no puedes salir ni al jardín dijo Alexandro.

— Odio ese lugar, exclamó ella.

—Porque no mejor la casa en Naxos.

— Me gusta la idea dijo Elena.

— Me ocuparé de todo para tu viaje, has tomado una buena decisión dijo Yannis, poniéndose de pie para dirigirse a la oficina de Leonidas y organizar todos los preparativos.

Aida venga conmigo procura que tenga todo listo para que se vaya esta misma tarde, envía a alguna de las empleadas de confianza, pero nadie puede saber dónde irá. Su familia está viniendo dijo Yannis.

— Cómo ordené, dijo Aida.

Elena observaba a Aida preparar sus maletas, dejo el periódico que había estado leyendo donde hablaban del futuro de las empresas

— ¿Quiere que aproveche su ausencia para sacar las cosas del señor Leonidas?, pregunto Aida.

— No, no quites nada. Quiero que todo permanezca tal y como esta dijo ella en definitiva esa no era su casa ni su vida ella sería la que se fuera, Roma , París bien lejos.

— Cómo ordené dijo Aida.

Esa tarde Elena emprendió el viaje a Naxos.

Al día siguiente Aida recibía a Georgios Papadakis y su Esposa.

— ¿Dónde se encuentra mi hija?, pregunto Georgios.

— La señora se fue de viaje, la empleada los llevará a su dormitorio dijo Aida.

— ¿Dónde está?¿ cuando regresa?, pregunto Lydia.

— No sabría decirle, supongo regresará para la lectura del testamento en quince días dijo Aida...

Yannis Petrusky se presentó en la mansión, en cuanto supo que los padres de Elena se habían instalado.

— Señor Papadakis soy el abogado de Leonidas Mavrogenis, me dijo Aida que se sorprendió de saber que la señora Mavrogenis está de viaje y que insiste en saber su paradero. Pero lo cierto es que no sabemos donde está y no hay manera de comunicarnos con ella.

—No puedo creer que mi hija se fuera de vacaciones, comento Georgios.

—La señora Mavrogenis no se fue de vacaciones, yo le sugerí que se alejara de la ciudad, la presión de la prensa puede resultar de lo más inoportuna dijo Alexandro.

— ¿Cuándo se hará la lectura del testamento?, pregunto Lydia.

— En quince días, respondió Yannis.

— ¿Podría decirnos si mi hija es la heredera?, pregunto Georgios.

—No puedo darle esa información, pero por ley mi cliente no puede desheredar a su esposa, así que si al menos su hija heredara el 25% de la fortuna de Leonidas Mavrogenis.

— Con mi esposo estuvimos conversando y tal vez lo mejor seria que Elena regresara a casa con nosotros exclamó Lydia.

— Esperaremos a que llegue Nikos y hablaremos con ella dijo Georgios.

Yannis sonrió, su padre Spiros había sido abogado de Leonidas por años, su padre tenía una percepción de las personas que rara vez se equivocaba, y se lo había advertido Spiros sabía que en cuanto la noticia se supiera los Papadakis irían por ella. Lo que no lograba comprender era cómo una padre actuaba encontra del bienestar de su hija.

Era la primera mañana en que Elena despertaba en la casa de Naxos.

Le había costado, pero por primera vez había dormido de corrido toda la noche, los días previos a la muerte de Leonidas, se había ocupado personalmente de cuidarlo como el quería.

Llamaron a la puerta y Elena le dio permiso para que entraran.

— Buenos días, señora, ¿desea que le sirva el desayuno aquí o en el comedor?, pregunto la empleada mientras corria las cortinas.

— Aquí, dijo Elena mientras se levantaba y se dirigía al baño minutos después regreso se sentó en la mesa que había frente a uno de los enormes ventanales.

 La empleada regreso con el desayuno.

— Es una hermosa mañana, me gustaría que despejaran la vista

—Tal vez debería buscar a alguien para que haga ese trabajo dijo la empleada porque el jardinero ya se jubilo.

— Podría ser, pasaré varios días aquí y me gustaría ver el jardín y la bahía dijo Elena mientras observaba el enorme árbusto era un hermoso olivo.

Mientras tanto Xander se preparaba su primer ataque.

— Quiero ese contrato, yo mismo me ocuparé de la negociación dijo él.

— Conglomerado Mavrogenis ya presentó su proyecto, como era de esperarse los proyectos quedaron al mando de los directivos lo cual no tiene muy contento al cliente le respondió su director de relaciones públicas.

— Elige el mejor restaurante de Londres hazme una reservación, me ocuparé personalmente de la negociación respondió Xander.

Luego de cortar la llamada con su director de relaciones públicas decidió llamar a Franchesca.

— Has averiguado algo, pregunto Xander.

— La lectura se hará en quince días, nadie sabe qué pasará con lo cual todo está muy tenso, los rumores no son buenos. Por cierto me llegó una noticia, la viuda se fue de viaje, hay imágenes.

— Quiero la fotografía, pagaré lo que sea dijo Xander. Luego de unas horas por orden de él, la fotografía había sido publicada, < A horas del fallecimiento viuda de Mavrogenis comienza a disfrutar el dinero> y otros títulos más, conjeturas de que haría la viuda con las empresas y la preocupación de los empleados.

Xander miraba su obra y no paraba de sonreír, ¿ dónde estaría esa cabeza hueca?, solo necesitaba una fotografía de ella haciendo algo frivolo y el éxodo de clientes comenzaría.

Esa noche Xander viajo a Londres y se presentó en el restaurante vestido elegantemente.

— Le agradezco que me reciba, dijo Xander.

— Señor Christodoulou, si bien he tenido mis dudas los últimos acontecimientos me han hecho rever mi decisión, escucharé su propuesta y si está es acorde a lo que esperamos hablaremos del contrato.

— Le agradezco su oportunidad, se que usted decidido por Mavrogenis entiendo que los últimos acontecimientos han sido muy desagradables, pero piense usted que al menos aún no había llegado a un acuerdo con ellos. Ese barco se hunde o eso piensan mucho de sus clientes respondió Xander.

Dos días después Elena se preparaba para entrevistar a los posibles paisajistas que había solicitado para el proyecto de su nuevo jardín.

— Señora la buscan en el jardín dijo la empleada.

Elena salió al jardín y comenzó a caminar de espaldas algo alejado del lugar un hombre alto observaba la propiedad.

— Buenos días, vino por el trabajo en el jardín. La agencia no lo anunció dijo ella.

El hombre se dio vuelta y sonrió, con gesto burlón.

—Hola Elena ¿ cómo has estado?, dijo él mientras caminaba hacia ella.

Elena lo miró sorprendida, como si estuviera viendo un fantasma.

— ¡Tu...!, ¡Eres tu! exclamó ella.

— Yoooo, si soy yooo exclamó riendose.— Seguimos sin poder hilar una palabra eso no es bueno para la fortuna Mavrogenis....

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