Xander conducía a toda prisa por las calles de Atenas.
La idea de que Elena estuviera en peligro por su culpa lo perseguía como una sombra.
¿En qué demonios estaba pensando?
No estaba pensando. Ese era el problema.
Desde que había aceptado las condiciones del testamento, solo reaccionaba, no reflexionaba. Él, que siempre había sido calculador, estricto, dueño de cada movimiento… esta vez se había dejado arrastrar por los celos y la rabia.
Habían pasado horas desde que había visto a El