En cuanto Sara vio los arces empinarse hacia el cielo a ambos lados del camino, supo a dónde se dirigían. Las hojas teñidas de rojo la recibían, sacudiéndose en lo alto igual como entonces. Parecían dos ríos rojos deslizándose fuera de las ventanas del auto. "Es como viajar dentro de una vena", había pensado la primera vez. "¿Llegaremos al corazón?".
"¿Acabaremos salpicados contra un muro o estampados sobre el frío asfalto de un estacionamiento".
—¿Ya sabes a dónde vamos? —preguntó él, conducien