Estrella no rechazó su mandato y llamó a Claus. En ese momento Claus estaba leyendo unos documentos en su estudio. Normalmente, no llevaba el teléfono consigo para evitar distracciones. Javier entró con el teléfono, cuya pantalla parpadeaba.
Claus levantó la cabeza, se tocó el cuello y preguntó:
—¿Qué pasa?
—Señor, es la llamada de la señorita —respondió Javier con respeto.
—¿No debería haber terminado las clases a esta hora? ¿El conductor no la ha recogido todavía? —Claus frunció las cejas sin