La investigación reveló que no había ocurrido nada raro en el hospital.
Pero todos estaban seguros de que Rosalía, aún en coma, había sido víctima de alguna maldad.
El rostro de Claus estaba sombrío, mientras que Yune no podía reprimir las lágrimas y seguía llorando.
¿Cómo era aceptable que alguien tan docente como Rosalía terminara así?
Zamora sacó una toalla, le limpió las lágrimas a Yune y la consoló: —No te preocupes, buscaré una solución.
—¡Qué injusto! Madre ya es muy mayor. ¿Quién puede