Nathan
Simon me recibió en su oficina con una calurosa bienvenida. Era el alemán más extrovertido y bromista que había conocido. No era así todo el tiempo, cuando comenzábamos a hablar de negocios, se comportaba como un profesional en toda regla.
—¿Tienes planes para la hora de la comida? Mi hermano quiere conocerte, le he hablado mucho de ti —comentó después de servirme un vaso con whisky en las rocas.
—No, ningún plan —respondí indiferente, aunque, me mentiría a mí mismo si dijera que no m