Nathan
De vuelta a mi oficina, me centré en el trabajo y estuve ocupado hasta la hora de la entrevista. Eran las cinco en punto cuando Oriana Andreotti cruzó la puerta de mi oficina. Vestía una falda de tubo negra, a la cintura, que se ajustaba a sus curvas y llegaba por debajo de las rodillas; blusa blanca y zapatos de diseñador. Era muy atractiva. Con el cabello recogido y un maquillaje sobrio, la mujer exudaba profesionalismo. Me puse en pie y rodeé el escritorio para saludarla. Nos estrecha