ELISE.
Miro de nuevo para atrás mientras el auto se aleja, suspiro porque no me esperaba ver a Martin ahí, y mucho menos que haya pedaleado desde su casa hasta la mía, solo para invitarme a la fiesta de celebración por la firma del contrato.
El pedaleo desde su casa.
Con razón estaba agitado, sudado y cansado, pero se lo veía sumamente feliz, dichoso y alegre, muy diferente a como quedó cuando me subí al auto.
Triste, decepcionado y decaído.
Vuelvo a suspirar, y pienso en Martin, en todo l