CAPÍTULO 4
VINCENT DE OURIOL
Solo sabe el diablo que pone en la mente de los borrachos, para infringirle ese temerario valor. Cuando despego el avión con destino a Paris, aun no caía en cuenta en que me había dejado enredar por Ulises Kronos.
Si es que ese viejecito endemoniado, era mucho más peligroso que Neck a la hora de ingeniar el futuro, y Neck como estratega ya era un tipo del cual cuidarse.
Lo último que recuerdo antes de dormirme borracho como un perro a bordo del jet, fue de la v