Pum, pum, pum...
El golpeteo rítmico de sus cuerpos la enloquecía, y la sensación la consumía.
—Ah... Thomas... Mm... ¡estás loco! —Zoey intentó gemir en voz baja, pero no pudo contenerse. Cada vez que su enorme miembro se enterraba en ella, la arrollaba el placer.
—Mm... Ah... Oh... —gimió Thomas con la misma intensidad. Sus gemidos se mezclaban en la sala, cargando el aire de un calor abrasador.
La desnudó y tiró su ropa al piso. Se recostó en el sofá, sentó a Zoey en su regazo y la guio para