Sofía
Lucas llegó puntual. No lo dudaba. Siempre fue así. Incluso ahora, que su mirada se escondía tras la sombra de algo que no podía, o no quería, decirme.
Subí al auto sin saludar más que con un leve “hola”. Él respondió igual, con un murmullo que apenas rozó mis oídos.
El silencio del auto nos envolvía, áspero y desesperante.
Lucas no hablaba, y yo tampoco tenía muchas palabras para ofrecerle.
Nos habíamos prometido las conversaciones que sabíamos que teníamos pendientes, pero la verdad e