Lucile
Estábamos en la cama, las sábanas enredadas entre mis piernas mientras yo me acomodaba sobre él, mis labios buscando desesperadamente algo que ya no estaba allí.
Max tenía la mirada perdida en el techo, y cuando por fin me miró, solo fue para pedirme disculpas.
—Lo siento —murmuró, su voz cargada de frustración—. Ha habido mucho estrés en el trabajo… pero te compensaré.
Sonreí, pasando los dedos por su pecho mientras lo besaba con suavidad.
Lo disfrutaba, aunque sabía que no era real.