Pierre
Entré furioso a mi oficina y cerré la puerta de un portazo. El golpe revertebró hasta en las paredes, haciendo tambalear los cuadros colgados.
Paulina se había ido ayer en la tarde, justo antes de la lectura del testamento de mi abuelo. Ni una palabra. Ni una excusa. Ya no le interesaba lo que yo pudiera decir o hacer...
"Maldita perra, tengo que volverle a enseñar quien es su amo, otra vez."
Golpeé el escritorio con el puño cerrado. La madera vibró bajo mi furia, y un portaplumas cayó a