Paulina
Estaba sentada en el despacho del mejor pediatra del país. Tenía las manos entrelazadas sobre las rodillas, como si eso pudiera detener el temblor que me recorría el cuerpo.
Iris estaba en la sala contigua, riéndose con la enfermera. Ella le hacía preguntas simples, juegos de memoria, dibujitos en una tablet.
Tan tranquila.
Tan feliz.
Como si el mundo no se estuviera cayendo a pedazos detrás de esa puerta.
El doctor revisó una carpeta gruesa con la misma parsimonia que se despliega