El cuerpo de Dante estaba caliente, tan caliente debajo de él que quemaba. La marca en su cuello igual quemaba, así como su interior, que empapaba la cadera de su esposo y su miembro que estaba duro y palpitante. Lukyan sentía una sensación igual a cuando estaba a punto de entrar en celo. Acaso eso lo estaba provocando su esposo.
Bajó la mirada y lo miró directo a sus ojos. Estos, a pesar de no notarse enfocados, lo devoraban y lo hacían temblar. Tenía ganas de ser tocado por él, de ser besado.