Liam salió del apartamento con el paso firme de quien sabe que el tiempo se ha acabado, cerrando la puerta con un golpe suave que resonó en el pasillo vacío como un eco de su determinación.
El viaje hasta la casa de Ignacio fue en silencio. El conductor del autobús lo miró con extrañeza al ver a un niño tan pequeño viajar solo a esa hora, pero Liam no le devolvió la mirada. Sus pensamientos estaban en otro lugar. Repasaba las palabras que iba a decir, cada una medida, cada pausa calculada como