Liam pasó el resto de la mañana encerrado en su habitación. No salió a desayunar. No respondió a los mensajes de su madre. Solo se quedó allí, sentado en la alfombra, con la tablet fría entre las manos y la mirada perdida en la ventana.
Afuera, el sol de Miami se elevaba implacable, tiñendo las paredes de su habitación con una luz dorada que él no veía. Veía otras cosas. Veía a su madre tambaleándose por un pasillo de hotel, descalza, con los ojos vidriosos. Veía a Laura sonriendo en las sombra