El sol de Miami se ocultaba tras los rascacielos cuando Vanessa recibió el mensaje. Lo leyó una vez, dos veces, tres. Cada lectura le producía una punzada diferente: sorpresa, desconfianza, y un leve cosquilleo en el estómago que no quería reconocer.
Ignacio la invitaba a cenar.
No era una cita, aclaraba el mensaje. Era una reunión de trabajo para ultimar detalles del contrato. Pero Vanessa conocía esa jugada. La habían usado con ella antes, en Barcelona, cuando algún ejecutivo intentaba camufl