Se miraron fijamente. Un silencio cargado cayó entre los dos.
—Tú crees que… ¿fue alguien cercano a Demetrio? —susurra ella.
—No lo creo. Lo sé —responde Austin, mientras levantaba al niño en brazos, protegiéndolo—. Y te juro que voy a encontrar a quien fue. Porque nadie vuelve a tocar a Cassius sin morir en el intento.
Y con eso, se perdieron en la noche, mientras la fábrica humeante quedaba atrás, como un vestigio de la violencia que acababan de sobrevivir.
Por otro lado, el hospital privado