LILIANA CASTILLO
Su cuerpo se apoyó por completo en el mío, sin aplastarme, solo cubriéndome con su calor. Sus labios se movieron con los míos, al principio de manera lenta, pero poco a poco el beso se volvió hambriento y… debo de admitir que también algo cambió en mí, mi cuerpo se relajó, mi deseo aumentó y mi miedo se esfumó.
De pronto me encontré confiando en él.
¿Debía de sentirme culpable por estar disfrutando esto? Tal vez, porque no estaba aquí para gozar, no con Javier, no bajo estas c