JULIA RODRÍGUEZ
Su beso era desesperado, demandante, y por mucho que quise alejarlo de mí, no podía. Mi cuerpo dolía, por obligarme a rechazarlo, pero sabía que era el primer paso para volver a ser yo de verdad, no la esposa olvidada en un rincón, no la empleada que solucionaba todo, no la muñeca sexual con lencería perfecta que lo esperaba todas las noches.
Entonces su teléfono comenzó a sonar insistente, haciendo que por fin el beso terminara. Nos vimos por un largo rato a los ojos antes de