ALEX GARCÍA
Con los dientes apretados, vi a Santiago de pies a cabeza. Siempre radiante, arrogante y atractivo. Le daba órdenes a su empleado, con el ceño fruncido. Se veía tan sexy cuando hablaba con seriedad.
—No dejes que su muerte parezca suicidio, quiero que el resto de su gente crea que fuimos nosotros —dijo con firmeza mientras su empleado asentía—. Quiero que esos PD piensen que nosotros ya sabemos todo.
Inhalé profundamente intentando dejar de pensar en él, desviando la mirada, pero f