LILIANA CASTILLO
—Lo siento, saliste de sorpresa —contestó Carl levantando la comisura de su boca de esa manera que aceleró el corazón, y de repente el mal rato que había pasado dentro de la farmacia fue reemplazado por una risita tonta.
—Hola… —fue lo único que mi cerebro alcanzó a pensar.
—Hola —contestó Carl, satisfecho de lo que sabía que causaba—. Es lindo volverte a ver.
Quise esconder mi rostro entre mis manos y soltar un gritito agudo, pero sabía que sería demasiado, me delataría más