CAPÍTULO 48. Una mujer sin suerte
CAPÍTULO 48. Una mujer sin suerte
Athena llevaba varios minutos sentada en el borde de la cama, con el albornoz mal cerrado y el corazón latiéndole demasiado rápido, como si acabara de correr sin moverse del sitio. Todo había ocurrido con una velocidad que no lograba procesar. Las llamadas apresuradas, las órdenes dadas en voz baja, el tono definitivo con el que se había pronunciado una sola palabra: boda. Esa palabra flotaba en el aire como algo ajeno, mal colocado, casi absurdo.
Cassian estaba terminando de vestirse, dándole la espalda, ajustándose el sueter con movimientos precisos y fríos, como si aquella noche no tuviera nada de extraordinario.
—No entiendo —dijo Athena al fin, rompiendo el silencio—. ¿Por qué se adelantó la boda?
Cassian no respondió. Terminó de secarse el cabello y caminó hacia la puerta como si no la hubiera escuchado. Athena lo miró, incrédula, sintiendo cómo la ansiedad empezaba a transformarse en algo más parecido al pánico.
—Cassian —lo llamó—. Te estoy ha