CAPÍTULO 49. Una cruda humillación familiar.
CAPÍTULO 49. Una cruda humillación familiar.
Cuando Athena bajó de la limusina frente a la iglesia, lo primero que sintió fue un nudo seco en el estómago. No fue emoción. Tampoco nervios normales. Fue esa sensación incómoda de entrar a un lugar donde no sabía exactamente quién estaba de su lado y quién no. El aire le pareció más frío de lo normal, aunque el sol brillaba alto. Se acomodó el vestido casi por reflejo y alzó la vista.
A través de las puertas abiertas pudo ver el interior: bancos llenos, murmullos bajos, cabezas girándose hacia ella. Había mucha gente importante. Demasiada. Gente bien vestida, rostros atentos, sonrisas ensayadas.
Reconoció apellidos y caras que había visto toda su vida. Antiguos socios de su padre, amistades familiares, conocidos de cenas largas y conversaciones incómodas. Eso fue lo que más la descolocó. Casi todos parecían pertenecer a su mundo, no al de Cassian. Y eso la inquietó todavía más, porque no lograba distinguir quién estaba allí por ella y quié