CAPÍTULO 29. Una pesadilla sin fin
CAPÍTULO 29. Una pesadilla sin fin
Athena despertó en medio de la noche con la sensación incómoda de estar flotando entre dos mundos. La cabeza le pesaba como si tuviera un martillo dentro y le costó unos segundos entender dónde estaba. El cuarto era grande, silencioso, demasiado ordenado para sentirse propio. Parpadeó varias veces, intentando enfocar, y lo primero que notó fue la sequedad insoportable en la garganta.
—Agua… —murmuró, aunque no sabía si lo había dicho en voz alta.
Intentó incorporarse, pero el cuerpo no le respondió como esperaba. Los antihistamínicos la mantenían medio adormecida, lenta, torpe, y por un momento sintió un mareo que la obligó a quedarse sentada al borde de la cama, respirando hondo. Entonces lo notó: la urgencia. Necesitaba ir al baño y lo necesitaba ya.
No recordaba cómo había llegado a ese cuarto ni cuándo se había puesto la bata que llevaba, pero se levantó igual, apoyándose en lo primero que encontró. Caminó a tientas, siguiendo la vaga intuición d