CAPÍTULO 13. Una mascota
CAPÍTULO 13. Una mascota
Athena despertó antes de que el despertador del celular sonara. En realidad, no había dormido. Había pasado la noche dando vueltas, con los músculos tensos por la incomodidad de la camita y la ansiedad pegada a la piel como una segunda capa. Cuando el reloj marcó las cinco, entendió que era inútil seguir fingiendo que tenía un descanso pendiente.
Intentó incorporarse y soltó un gemido mudo: todo su cuerpo dolía. Los brazos, los muslos, la espalda. Cada músculo parecía protestar por el exceso de todo lo del día anterior. Pero aun así, se levantó, se vistió con el uniforme de servicio y se ató el cabello.
Bajó a la cocina y la encontró completamente vacía. Solo el reloj antiguo sobre la alacena hacía tic tac, lento, pesado, burlón.
Athena apoyó las manos sobre la mesa central. Sabía perfectamente lo que estaba pasando.
Cassian no se había despertado. ¡Nadie en la maldit@ casa había despertado! La había obligado a levantarse temprano solo para mantenerla en tensi