Marcos regresó a casa dos días después con barro en las botas, varias hojas llenas de cálculos y una noticia que no parecía saber cómo explicar. Durante la cena estuvo más callado de lo habitual. Mariana lo observó un par de veces, pero decidió no preguntar. Había aprendido que sus hijos hablaban mejor cuando no sentían que todos esperaban una respuesta inmediata. Fue Leonor quien perdió la paciencia.
¿Qué hiciste?
Marcos levantó la mirada.
¿De qué hablas?
Llevas media hora moviendo la comida s