Después de la muerte de Doña Rosa, Mariana tardó varias semanas en acostumbrarse a una casa donde nadie preguntaba desde la cocina quién había llegado ni reclamaba porque faltaba una silla alrededor de la mesa. La vida continuaba. Marcos pasaba cada vez más tiempo entre los cultivos y otras comunidades. Leonor viajaba con frecuencia por su trabajo. Carolina dividía sus días entre las escuelas y la Casa de las Puertas Abiertas. Ernesto seguía en el taller, aunque sus aprendices ya podían encarga