Pasaron varios meses desde la partida de Elena. Las cartas continuaron llegando a la casa, algunas con peticiones y otras con noticias. Isabel escribió para contar que la escuela de Valle Seco ya tenía cuarenta alumnos. Samuel envió una pequeña herramienta reparada por uno de sus aprendices. Carolina guardaba cada mensaje junto al registro, porque había comprendido que Las Veinte Monedas también necesitaba conservar memoria de aquello que ocurría después de entregar una ayuda. Una mañana llegó