El polvo levantado por los caballos tardó varios minutos en desaparecer.
Nadie se movió mientras las figuras de aquellos hombres se hacían cada vez más pequeñas en el camino. Los vecinos tampoco regresaron de inmediato a sus casas. Permanecieron alrededor de la propiedad, observando en silencio, preparados por si el hermano de Ernesto decidía volver acompañado de más hombres.
Pero no regresó.
Cuando el último sonido de los cascos se perdió entre los cañaverales, el aire pareció volverse más liv