Pasaron varios meses desde aquella conversación sobre los hijos. Leonor y Gabriel no volvieron a tratar el tema con urgencia. Habían decidido que todavía no era el momento y continuaron con sus vidas. Leonor viajaba entre comunidades, mientras Gabriel ampliaba poco a poco sus rutas comerciales. Todo parecía haber encontrado un equilibrio hasta que una mañana él regresó con una carta que llevaba doblada dentro del bolsillo.
Leonor lo vio entrar.
Esa cara significa problemas.
No necesariamente.
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