Las últimas semanas del embarazo obligaron a Leonor a aceptar algo que todavía le costaba más que cualquier viaje largo: no podía hacerlo todo sola. Su vientre había crecido bastante, dormía peor y agacharse para recoger una herramienta se había convertido en una operación que requería paciencia. Gabriel intentaba ayudar sin adelantarse a cada movimiento, aunque algunas veces fallaba.
Leonor se inclinó para recoger un papel.
Gabriel apareció inmediatamente.
Yo lo hago.
Leonor se quedó mirándolo