La nota clavada en la puerta parecía haber llenado el aire de una tensión nueva, más pesada y silenciosa, como si el viento mismo se hubiera detenido para escuchar lo que vendría después. Nadie dijo nada en voz alta al principio; solo se quedaron mirando ese papel arrugado con letras torcidas por la rabia, y en el silencio comprendieron que ya no se trataba solo de palabras altas o de amenazas escritas: estaban dispuestos a pasar de la advertencia al daño real, sin importarles a quién afectara