Julián dejó la carta sobre la mesa de madera con mucho cuidado, como si fuera algo sucio y ajeno que no merecía estar en su casa, entre las cosas que habían construido con su esfuerzo y su cariño. Nadie habló al principio; solo se quedaron mirando ese papel sellado con tanta arrogancia, como si sus palabras pudieran romper todo lo que habían unido. Se sentía la indignación en cada rincón, en cada mirada compartida, en el silencio pesado que llenaba la estancia: intentaban asustarlos, usar papel