El aire en el salón de juntas del ala norte era denso, asfixiante, cargado con el olor agrio del tabaco negro, el cuero viejo y la tensión homicida de doce hombres peligrosos. La mesa de roble macizo, que dominaba la habitación como un altar de sacrificios, estaba rodeada por los líderes de las distintas facciones de la Bratva. Eran lobos vestidos con trajes de diseñador, hombres que no conocían la piedad y que solo respetaban una cosa en este mundo: el poder absoluto.
Las inmensas puertas dobl