La luz gris de la mañana siberiana se filtraba por los inmensos ventanales de la suite, pero la atmósfera en el interior no tenía nada de apacible.
Aleksei estaba de pie frente al espejo de cuerpo entero del vestidor. Llevaba un traje negro de tres piezas, impecable, letal. A pesar de la noche salvaje que habíamos compartido, no había ni un rastro de agotamiento en su rostro. Era la máscara perfecta del depredador a punto de ejecutar a su presa.
Yo estaba sentada en el borde de la cama, envuelt