Lala-Sula
Sandra, es una chica de veintidós años que trabaja siendo bailarina exótica para cubrir la hipoteca de su casa y la cuenta del hospital de su madre. Nadie sabe que se llama Sandra, todos le dicen Chocolate.
El anonimato era su arma al estar en un mundo tan violento donde con frecuencia es visitada por bandas criminales con el fin de poseerla, pero, inteligentemente los evadía, hasta que una noche no hubo espacio a la negociación.
Con varios millones de dólares, un hombre herido, excitado y con arma, accedió a entregarse a él sin saber que ese era su fin. Meses después, descubre que esta embarazada cuando la hospitalizan y poco tiempo después se entera que el bebé fue robado y tanto su madre como el pequeño, yacen muertos en la habitación donde ella tenía que estar.
Sin familia y mucho resentimiento, vende todo lo que tiene y se esfuerza por llegar a los García, los causantes de todas sus desgracias. La venganza es un plato que se sirve frio y por eso, cuando choca con un pequeño y este se aferra a ella, se esfuerza por obtener un trabajo que nunca tuvo con el fin de estar cerca de los García.
— No estoy contratando niñeras. — dice el jefe de los García, un asesino sangriento que es capaz de matar a su padre por el puesto.
Pero, el pequeño que es tan desobediente como un animal salvaje se niega a comer, hablar o asearse si ella no esta cerca. Sin otra opción, el pequeño niño le da la oportunidad que tanto le había costado a ella obtener para su venganza: estar dentro del clan García y hacerlos pagar por el sufrimiento que tuvo al perder a su madre e hijo el mismo día.
‘Los haré pagar a todos.’