La dama de Rojo

La dama de RojoES

Adriano  Recién actualizado
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Resumen
Índice

Federico Frederich es escritor. Un novelista de terror a quien, su obsesión y meticulosidad con su trabajo, lo han convertido en un ser de lo mas antisocial, que vive prácticamente guardado en su peculiar hogar, en la zona alta de Stonelake.Su afán por realizar un trabajo impecable es lo que lo obliga a sumergirse de lleno en el tema a tratar en sus novelas.Tras una experimentación, para su mas reciente obra, se ve envuelto en una serie de eventos terroríficos que, hasta para él mismo, serán tan insoportables como perturbadores. Eventos que le harán vivir dentro de un horroroso y desconcertante bucle temporal, que gira en torno a una misteriosa mujer. Un bucle del cual no podrá salir y lo obligará a repetir siempre el mismo día. Ese mismo día en el que termine de escribir su ultima obra.

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8 chapters
Prologo
Joaquín Frederich se encuentra en su habitación. Es un cuarto típico de adolescente, con las paredes llenas de posters de sus bandas musicales y películas favoritas.Está sentado junto a un pequeño escritorio, ubicado en un rincón. Se lo ve agitado por demás. Su mano tiembla sosteniendo una lapicera, con la que trata de esgrimir palabras, encorvado sobre una hoja.Lejos de estar tranquilo. Sus pelos despeinados, su postura y la oscuridad del lugar, conforman una escena de lo más inquietante. Su mirada se dirige desde la hoja hacia la puerta, seguidamente a la única ventana de su cuarto, para luego volver sobre la hoja. Secuencia que repite, al menos, tres veces.El movimiento rápido de su cuello lo hace ver como a una paloma, a la espera de que, de un momento a otro, alguien o algo ingrese al lugar. Una expresión asustada, sus ojos abiertos a mas no poder y una mancha de sangre sobre su labio. Sangre que salió de su nariz. La mancha roja en su manga evidencia que no se trató de una so
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1
Cinco años antes.08/11/2014Un intenso y enorme sol baña la ciudad de Stonelake. Su luz llena de vida es opacada únicamente cuando finas y largas nubes logran esconderlo.Como un enorme reflector, suspendido en el aire, alumbra todo un poblado actoral, capaz de formar parte de cualquier historia, tan peculiar como extraña se le pueda a uno ocurrir.Stonelake es una ciudad tan grande como variada en todo sentido, tanto como en atractivos turísticos, como en la cantidad de clases sociales que comparten su territorio.Este día, el sol nos lleva a un lugar en particular del poblado. Un sector en donde se codea la gente de la clase alta de la ciudad. Una zona tranquila, calma, esencialmente acogedora. Siempre y cuando pertenezcas a sus tan característicos pobladores.Aquel gran reflector, alumbra con un brillo particular sobre una casa determinada, como si se tratase de quien entra en escena en el primer acto de una tragedia. Eso es por fuera porque, por debajo de aquellas tejas, la escen
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2
Un cenicero que se apoya sobre la mesa es quien devuelve su vista.—Buenas tardes, señor Frederich.Frente a él y dispuesta a tomar su pedido se encuentra una de las meseras. Federico no puede evitar recorrerla con la vista de punta a punta recordando que, el Cadillac y la ambientación, no es lo único hermoso de Fiftys. Bandeja en mano, sosteniéndola perpendicular a su vientre, se encuentra Candela. Luciendo el característico uniforme del lugar. Una visera corta y roja, chomba de cuello rojo con franjas verticales blancas y rojas, ceñida en su cintura por una falda plato azul con pespuntes camel que deja ver sus rodillas, haciendo juego con sus zapatillas náuticas azules, de cordones blancos impolutos.—Hola Candela— la saluda ya mirándola a los ojos —. Te dije que me llames Federico.Siempre que se lo pide es lo mismo, las mejillas de Candela adoptan un particular rosado y una sonrisa se dibuja en su boca.—¿Le traigo lo de siempre Federico? — pregunta la joven inclinada sobre la mes
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3
Las horas pasan y Frederich no se detiene ni siquiera para cenar. El momento es ahora. Carlos está esperando que, como prometió, esta noche le envíe el maldito libro terminado. Sin contar que mañana lo espera un día junto a su hijo de diez años. Lo que indica que no habrá tiempo para la escritura.A esta altura ya lo tiene prácticamente cocinado. La ultima frase, el punto final y dará por terminado su mas reciente trabajo. Para él, el mejor de todos.La última palabra es colocada, sus dedos se detienen, aleja el rostro de la pantalla y su espalda reposa en el respaldo de la silla. Eleva su mano derecha y la hace descender en cámara lenta, haciendo el típico sonido de “Psicosis” de Hitchcock, con su dedo índice en dirección al punto final. A escasos milímetros de llegar a la tecla que concluirá su obra, la computadora se apaga por completo.La palabra ¡NO! es escupida por su boca reiteradas veces, para luego suplicar que se haya guardado el archivo. Varios intentos después de que la co
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4
Con un espasmo de ahogado abre los ojos y se sienta rápidamente. Su pecho se infla y desinfla mostrando una enorme agitación, mientras que las gotas de su cuerpo todo transpirado, caen sin cesar mojando las sabanas de su cama. Confundido y con cara de dolor observa hacia los costados al momento en que con su mano derecha se toca la mandíbula.>Aun sin entender y con su cabeza dando vueltas piensa que solo se trató de eso, una inquietante pesadilla.Al costado de su cama puede ver una botella de whisky, vacía y tumbada en el suelo. Eso despeja su dilema de no acordarse cuando se acostó.—Sin dudas fue una horrenda … — Sus palabras son acalladas por un punzante dolor. Su ceño se frunce y su mano presiona su boca. Siente como si de la noche a la mañana, un sin fin de caries hubieran atacado a cada uno de sus dientes, sumadas al extraño sabor metálico que capta su lengua, como si hubiera estado mascando clav
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5
Las horas pasan y las manecillas del reloj de péndulo corren sin parar. Frederich está como poseído escribiendo en la computadora que, debido a la fuerza con la que lo hace, suena mas parecido a una maquina de escribir.Por más concentrado que esté, no puede evitar arrugar su cara del dolor, que siente a cada pitada que le da a su habano.Durante el transcurso de la tarde no tuvo ninguna experiencia más por el estilo, de modo que, siendo las seis de la tarde y con el sol ya descendiendo en el horizonte, pone el punto final de su obra por tercera vez. Relaja sus manos, truena sus dedos y llama a su editor.—Te voy a enviar ahora el libro y dime si llega completo. Tienen que ser 436 páginas.El correo es enviado y Frederich aguarda la confirmación bebiendo un poco más.—Ahí llegó— Carlos abre el archivo y va a la ultima pagina —Ahora si Federico. Llegó completo ¿Qué sucedió antes?—Nada Carlos. Es que tengo un terrible desorden de archivos en la computadora. Debo de haber enviado un bor
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6
Sus ojos se abren lentamente. La luz no es la misma, la percibe mucho mas tenue y natural. El techo no es el mismo > A diferencia de hace algunos escasos segundos, donde se encontraba parado, ahora está acostado. Lejos está de aquel baño en el salón, ya que acaba de abrir sus ojos, ni más ni menos que, en su habitación. Sobre su propia cama humedecida en exceso por la transpiración que lo recorre.>Lo primero que hace, una vez que su cabeza deja de dar vueltas, es agarrar su celular y comprobar lo que temía. 08 de noviembre de 2014. Otra vez el mismo condenado día.>Su agotado cerebro le está jugando una verdadera mala pasada. O eso es lo que decide pensar por el momento. Se dirige al baño y se dispone a tomar una ducha. No está afeitado como el día del evento, pero tampoco piensa pasar por esa situación. Es incapaz de mirarse al e
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7
El niño no volvió a preguntar sobre el tema y Frederich tampoco dio oportunidad a que lo haga. La cena está casi lista y el mantel puesto sobre la amplia mesa del comedor. Aquella que está decorada con dos finos candelabros de tres velas.Federico le alcanza uno a uno los vasos a su hijo para que los vaya colocando sobre la mesa. Dándole así, lugar a que él escoja las ubicaciones. Observa su reloj de pulsera que marca las diez de la noche. Joaquín vuelve y el procedimiento anterior es repetido con los platos y cubiertos. Diez y dos minutos. Frederich comienza a sospechar que Scarlet, o la dama de rojo, no se hará presente.El timbre se escucha. La frase de Scarlet de poder ir, después de las diez, ahora suena más a una promesa. Son las diez y cuatro minutos.Mientras acomoda su camisa, arrugada por el delantal, y peinándose un poco, se aproxima a la puerta y observa por la mirilla. Ve como Scarlet cruza la pequeña puerta campestre y comienza a transitar el camino que la lleva a la ent
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