Señora Bonita. (Serie Romance Libro: 6)

Señora Bonita. (Serie Romance Libro: 6)ES

Angellyna Merida  Completo
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9.9
Reseñas insuficientes
106Capítulos
27.4Kleídos
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Resumen
Índice

Alex se aclaró la garganta. —Yo no creo en el amor, y estoy convencido de que las mujeres nacieron para sufrir, con sus debidas excepciones —carraspeó—. Te doy seis meses para que me demuestres que ese sentimiento existe, y yo intentaré convencerte de sumergirte en mi oscuro mundo. Lola rodó los ojos, y bufó ante la desfachatez de aquella absurda propuesta. —A mí no me agradan esas cosas de las cincuenta sombras, ni tampoco voy a convertirme en su fetiche, puede que en el pasado por ser una haya perdido mi dignidad, pero ahora no, ningún niño rico va a venir a humillarme, ni jugar conmigo —declaró—. Quédese con la propiedad, pero a María Dolores Beltrán jamás podrá comprarla señor Vidal, hay cosas que el dinero no puede adquirir. Obra registrada en el Instituto de Propiedad Intelectual de Ecuador. ©Angellyna Merida, 2022. Registro Safe Creative: 2204240982944 Prohibida la transcripción parcial o total de la obra sin permiso de la autora.

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Introducción.
«Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía». Vladímir Nobocov.    Cuenca, Ecuador.    —¡Qué hermosa te ves! —exclamó Elsa, la madre de Lola.    María Dolores, enfundada en un sencillo vestido de novia, apretó sus labios en una fina línea, se sentía muy presionada por esa boda. Aunque era cierto, el atuendo no le quedaba mal, su mirada no brillaba, no estaba segura de dar el siguiente paso, pensó por unos instantes en convertirse en una novia fugitiva.   —Mamá, tengo miedo —confesó la joven con un tono de voz tembloroso.   —No temas, Ricky es un buen hombre, estoy convencida de que serán muy felices—. La consolaba Elsa, con un tono de culpa.   —Pero... pero… Yo no lo amo —respondió María Dolores con mucha inquietud—. Se observó una vez más ante el cristal. Se encogió d
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Capítulo 1
«Cuando yo nací, ella ya arrancaba suspiros, y andaba en distintos caminos buscando el amor» Axel.    New York, Estados Unidos.  Cinco años después.    Una fuerte lluvia azotaba las calles de New York, las gotas de agua bañaban los ventanales de la casa de Lola, aquella triste mañana de invierno.    Gruesas lágrimas caían por el rostro de María Dolores, contemplaba frente al espejo aquel moretón que el puño de su esposo dejó sobre su pómulo como regalo de aniversario.    Un nudo se le formó en el estómago a aquella mujer que estaba por cumplir treinta y nueve años, y que cinco de ellos se esfumaron en el aire. En ese tiempo de matrimonio, lo único que había conseguido eran: humillaciones, maltrat
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Capítulo 2
«...No fue fácil para ella ver que el mundo no era como lo soñó. Conocer el amargo sabor del sufrimiento...» Axel.  Días después.  Alex Vidal no veía la hora de terminar con aquella junta, esa noche se festejaba el cumpleaños de sus hermanas gemelas, y él no había tenido tiempo de comprarle un regalo.  A sus veinte y ocho años, era el director general del grupo hotelero Vidal Espinoza y asociados, una de las cadenas de hoteles más importantes de América.  Solicitó unos minutos de receso, se dirigió a su despacho, se quitó el impecable blazer y luego sacó una botella de agua del refrigerador. Bebió varios sorbos mientras buscaba en su agenda el número de teléfono de la floristería en la cual semanas antes,
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Capítulo 3
«...Señora de las cuatro décadas, permítame descubrir, que hay detrás de esos hilos de plata, y esa grasa abdominal, que los aeróbicos no saben quitar...» Ricardo Arjona.  Lola cuando el ascensor llegó a la planta baja salió como alma que lleva el diablo, resopló al ver que el guardia de la entrada principal, no estaba. —Lo que me faltaba —gruñó intentando normalizar su respiración. —¿En dónde se habrá metido este sujeto? —susurró, y empezó a caminar por uno de los pasillos del lobby. De pronto escuchó voces:«No debe tardar en salir, la mujer que contratamos acaba de informar que ya están por bajar; tengan todo listo para el secuestro, pediremos una gran suma por el rescate del jefe»El corazón de Lola em
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Capítulo 4
«Junto a ti no existe el tiempo, me acaricias al hablar. Te encontre justo el momento, en que tenias que llegar. Hace tanto que te espero. No te lo voy a negar» Patricio Arellano.  Alex Vidal le contaba a Oliver lo sucedido la noche anterior, omitió lo sucedido con Lola en el elevador.  —Valiente, mujer —dijo con asombro—. Otra en su lugar habría huido.  La mirada de Alejandro cambió, ladeó los labios al recordarla.  —Es diferente.  —¿Y cómo es? —indagó con curiosidad el joven. —¿Es bonita? Alex se aclaró la garganta.  —Tiene una sonrisa muy linda —comentó y de inmediato cambió el tema para mirar los planos del hotel que estaban po
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Capítulo 5
Lola palideció por completo, sintió sus piernas flaquear, y le faltó la respiración, se recargó en el barandal, y este debido a los años crujió y antes de que ella cayera al piso, los fuertes brazos de Alex la sostuvieron por la cintura.  María Dolores se estremeció, inhaló aquel aroma a cedro, y cuero que no podía olvidar. Alex se reflejó en esos profundos pozos negros, la miró con atención, y también recordó el sabor a cereza que tenían los labios de aquella mujer.  Lola se separó de inmediato y caminó hasta la sala.  —Lo que usted me dice, debe ser un error —comentó—. Yo recibí esta casa como parte de una herencia, mi esposo no tenía derecho sobre esta propiedad. Alex buscó en su correo el contrato de compr
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Capítulo 6
Al día siguiente, Lola no había podido conciliar el sueño, su principal preocupación: la salud y la seguridad de Emma. Sus ojos estaban enrojecidos en hinchados, lo que ganaba en la floristería no le alcanzaría para pagar una renta, en Estados Unidos era demasiado costoso.    Sin embargo, no podía quedarse de brazos cruzados, ni tampoco iba a esperar que Alex se hiciera cargo de ambas, así que se puso de pie y se metió a la ducha, luego de unos minutos salió envuelta en una bata, salió descalza en busca de la lavandería, necesitaba poner a lavar sus prendas y las de Emma, no tenían que más ponerse.    Al no encontrar el lugar, empezó a tocar cada una de las puertas de las alcobas para preguntarle a Alex, entonces antes de tocar la madera de una, un quejido escuchó de una de las habitaciones, supo que ahí era, y que el joven se encontraba adolorido.    Entonces tocó tres veces.   
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Capítulo 7
María Dolores negó con la cabeza, y se aclaró la garganta.    —Deme unos minutos, y alístense, lo voy a llevar a conocer un lugar —informó.    Alex elevó ambas cejas, y asintió.    —¿Qué sitio es? —indagó con curiosidad.    —Es una sorpresa. —Sonrió Lola, con esa particular forma que tenía que hacerlo, tan espontánea, y natural.    Se puso de pie y se dirigió a la alcoba.    Emma se encontraba en la terraza de la habitación, Lola contempló a su hija y notó en la mirada de la niña: paz, esa que no tenían desde hacía mucho tiempo.    —¿Cómo te sientes, cariño? —indagó con dulzura, le acarició la mejilla.    —Tranquila —contestó, y siguió mirando la ciudad—. Todo se ve hermoso desde aquí.    —Así es —respondió Lola—, hay una vista impresionante, pero te te
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Capítulo 8
Al día siguiente, Emma y Lola se colocaban la ropa nueva que habían adquirido la noche anterior en el centro comercial.    Esa había sido la atracción a la que Alex se refería, él sabía bien,  que no había mayor placer para las mujeres que ir de compras, y aunque Lola, no quiso aceptar que él gastara en ellas; sin embargo, cuando notó la mirada iluminada de su hija accedió.    En aquella tiendas las habían tratado como a unas reinas, la asesora que le tocó a Lola, le hizo caer en cuenta que no estaba gorda como le repetía Ricardo, si bien era cierto que poseía unos kilos de más, con la ropa que le recomendó se logró resaltar sus curvas, en especial su estrecha cintura.    Lola suspiró frente al espejo, ese día se colocó unos pantalones de mezclilla de bas
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Capítulo 9
Lola y Emma habían recogido sus cosas del apartamento de Alex, y se mudaron al de ellas. Con el dinero que Rose le prestó compró algunos víveres, en especial los que requería la niña, pues la dieta de ella, era especial.    Miraban una película en la televisión de la habitación, cuando el sonido del timbre las sobresaltó a ambas.    Lola lucía un conjunto de dormir de dos piezas, short y blusa de tiras de satín, se colocó la bata encima y fue hasta la puerta.    Observó por la mirilla, y el corazón le dio un vuelco, ahí estaba Alex, con sus rizos rubios alborotados, su impresionante altura y presencia, todo él estremecía de pies a cabeza a Lola, entonces su mano temblorosa se posó sobre la perilla de la puerta, y la abrió.    —Hola, Lola —dijo Alex—. Te traje algunos víveres, imagino que la alacena está vacía. —Frunció el ceño, al percibir el aroma a café que provenía de la cocina
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