AMOR REBELDE

AMOR REBELDEES

Day Torres  Completo
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Resumen
Índice

Elliot está cargado de rabia y de dolor después de que la mujer de su vida rechazara su propuesta de matrimonio. Así que ¿por qué no descargarlo todo en una noche perfecta con una bella desconocida? El arreglo matrimonial de la hija de su socio más importante lo lleva a la India… a un antro exclusivo… a una botella de bourbon… y a las piernas de una seductora mujer. La noche fue perfecta. El problema vino al día siguiente, cuando se dio cuenta de que había deshonrado nada menos que… ¡a la novia! Hacía pocos días Elliot había querido casarse con la mujer que amaba, y ahora se veía obligado a caminar al altar con otra para no arruinar el nombre de su familia. Y esa «otra»… no era una mansa paloma. Era una maldita bomba a la que nadie, ni siquiera su padre, había podido controlar jamás. Él se ha sumido en la oscuridad, y ella está llena de demonios. La pregunta es: ¿Cuánto tardará en arder ese infierno?

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PREFACIO
PREFACIO —No.La palabra era tan absurdamente sencilla, y a la vez tan incomprensible para él que Elliot se quedó allí, con aquella rodilla clavada en el suelo, aturdido.—¿Qué…?Parecía estúpido volver a preguntar, pero al parecer tenía un lado masoquista que no podía evitarlo.—No, Elliot, lo siento, no puedo casarme contigo.Elliot frunció el ceño y se levantó despacio, y luego cerró de golpe la caja de terciopelo azul marino en la que brillaba aquel anillo de compromiso.Miró a Emma como si estuviera viendo a una extraña y no a la mujer con la que había compartido los últimos años.—¿Pero qué demonios, Emma…? ¿¡Cómo que no!? —exclamó, arrepintiéndose de haber preparado aquella maldita propuesta e
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CAPÍTULO 1. Una noche para olvidar
—¡Mierda! ¡Está perdido! —Fueron las únicas palabras que escuchó Elliot antes de sentir el golpe del agua helada caer sobre su cuerpo.Abrió los ojos y se levantó bruscamente para encarar a su gemelo, pero el jarrón estaba en manos de su padre, así que solo lanzó un gruñido por lo bajo.—¿Se puede saber desde cuando estás bebiendo? —siseó Andrew Davies con un tono que los estremeció a él y a su hermano.—Depende, ¿qué hora es?—¡No te me pongas chulo, Elliot! —Se molestó su padre—. Llevamos dos horas esperándolos en el aeropuerto a Emma y a ti, sabes que tenemos un evento muy importante. ¿Por qué ninguno de los dos coge el maldito teléfono…?Andrew se interrumpió cuando su otro hijo le golpeó el brazo con el dorso de l
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CAPÍTULO 2. Una terrible revelación
—Elliot… ¡Elliot!Elliot optó por abrir los ojos antes de que le vaciaran un cubo de agua fría encima, pero cuando se sentó en la cama, vio que su hermano estaba solo.—¡Joder, estás muy crecidito para que ande salvando tu trasero! —gruñó Richard—. Levántate, la ceremonia va a empezar en media hora y papá ya está con cara de infarto porque tú no apareces.Elliot se restregó los ojos.—¿Qué hora es? —preguntó aturdido.—Las cuatro de la tarde. ¡Vamos, levanta! —lo apuró su gemelo mientras le entregaba una cerveza helada y dos aspirinas.Elliot refunfuñó con fastidio y se tomó las pastillas, vaciando media cerveza de un tirón.—¡Mierda, estuve durmiendo la mona todo el día! —Y encima el dolor de cabeza lo esta
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CAPÍTULO 3. Una mujer con dos p...
—¡Elliot! —Andrew intentó que se callara antes de que ofendiera todavía más a Sohan, pero la voz segura de Kali se alzó primero.—¡Yo no voy a casarme con este, pero ni por una maldita equivocación! —exclamó girándose hacia su padre.La verdad era que no quería casarse con nadie, y estaba más que segura de que aquel hombre tampoco quería casarse con ella, pero no supo exactamente qué fue lo que notó cuando Elliot Davies la tomó con fuerza del brazo y la acercó a él.—¿Entonces para qué demonios te metiste en mi cama anoche? —gruñó Elliot con aspereza, y el reflejo de aquellos ojos grises regresó a él como un flashazo, perdiéndose entre gemidos.—No te confundas, no todo fue culpa mía, muñeco —siseó ella forcejeando para solt
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CAPÍTULO 4. Un contrato prematrimonial
  Sohan clavo sus ojos en Elliot con una expresión que variaba entre la sorpresa y la indignación. Su mano se había cerrado con fuerza sobre su muñeca, impidiéndole golpear a Kali, y había puesto a la muchacha detrás en él en un solo movimiento.—No. —Lo escuchó decir con aspereza—. No me pida que respete su cultura si usted no va a respetar la mía. Y en la mía no se golpea a las mujeres.Sohan se liberó de su agarre con un gesto exasperado, pero no replicó.—¿Ya tomaste una decisión?La mandíbula de Elliot se tensó en una línea perfecta y poderosa y tragó en seco antes de responder.—Le ofrezco una disculpa por lo que sucedió anoche. Estoy dispuesto a asumir la responsabilidad por mis actos —dijo mientras su familia contenía la respiraci&oacu
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CAPÍTULO 5. Una guerra declarada
Sonreír.Saludar.Volver a sonreír.Elliot tenía ganas de cometer un genocidio en aquella boda. Al menos Kali podía seguir con su mala cara, porque el velo la ocultaba, pero él tenía que fingir ante cincuenta personas que toleraba aquello de alguna manera.Cuando por fin el cura pronunció el detestable: «Los declaro marido y mujer», Elliot creyó que nada, absolutamente nada podría rebasar el desastre de esa noche… sin embargo estaba equivocado.Se bebió un golpe el tercer trago de whisky y miró al fondo del vaso, como si allí hubiera alguna respuesta. A su alrededor la gente se movía, bailaba, conversaba, pero él se sentía como si estuviera entumecido.Cerca del fondo del jardín, Kali volvía a discutir con su padre, y esta vez ¿por qué no? también con su madre. La mujer mayor pareci&oa
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CAPÍTULO 6. Una mujer desesperante
CAPÍTULO 6.Se habría podido pensar que a la familia de Kali le provocaría alguna emoción verla marcharse, pero la verdad era que actuaban como si estuvieran librándose de un problema. A Elliot le molestó mucho aquello, especialmente porque se había convertido en «su» problema.Kali sintió una extraña punzada de dolor mientras se subía en aquel avión. Había pasado toda su vida queriendo escapar de allí, pero la expresión en los rostros de sus padres al verla marcharse no era algo que a ninguna hija la hiciera feliz. Había pasado su vida rodeada de familiares, pero la dura realidad era que jamás se había sentido querida. Y ahora se iba a otro país, bajo la mano de un hombre diametralmente opuesto a su padre, pero con igual habilidad para herir.Se sentó al fondo del avión, alejada de todos, y se hizo un ovillo en
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CAPÍTULO 7. Una ofrenda de paz
El cabello le rozaba la curva descendente del trasero. No era cuadrado, sino que parecía afinarse, como una condenada flecha apuntando a todo lo que Elliot juraba que no quería.El cristal de la ducha, ahumado por el vapor del agua caliente, apenas si le dejaba ver algo más que la silueta de su cuerpo, pero eso era suficiente para ponerle el corazón a latir como si fuera un caballo desbocado.La sensación de rozar su piel le cosquilleaba en las palmas de las manos, como si el recuerdo regresara, tentador y perfecto. La sensación de haberla besado, de haber estado dentro de ella. Era como si su cerebro se llenara de aquellas imágenes en el momento justo.Él la odiaba, pero su cuerpo era un traidor de mierd@ al que le gustaba recordarle que aquella mujer era una tentación mojada sobre la que quería estar de nuevo.—¡Maldición! —gruñó y vio volver la
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CAPÍTULO 8. Un punto débil
 Kali se puso el sari más sencillo que tenía y entre ella y Valeria empacaron al menos media docena de trajes para llevarlos al estudio. Valeria la vio hacer ademán de colocarse de nuevo el velo y sonrió.—Ya lo sé, los viejos hábitos son difíciles de eliminar… pero dame tiempo… ya me acostumbraré —suspiró Kali.—En realidad quiero pedirte algo —dijo Valeria pensativa.—Claro, dime.—¿Puedes llevarlo siempre delante de mi hermano? Es que no quiero que te vea… —«Todavía», pensó Valeria.Kali asintió mientras se lo colocaba.—No hay problema, igual no tenía ninguna intención de enseñarle mi rostro. Al parecer siente un placer especial en llamarme fea, y prefiero eso a que encuentre una cosa que sí me lastime.Valeria se puso l&
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CAPÍTULO 9. Una travesura demasiado grande
 No había ni uno. No quedaba ni un solo velo con el que Kali pudiera salir de la casa.—¡Elliot! ¿Dónde están mis velos? —preguntó con desesperación mientras le mostraba el cajón vacío.—A esta hora ya deben estar en el camión de la basura, porque los saqué bastante temprano —respondió él y la muchacha abrió los ojos llenos de sorpresa.—No… ¿Por qué hiciste eso? Tú… ¿por qué…? —balbuceó anonadada.—Pues me dijiste que ya no tenías puntos débiles, así que creí que ya no los necesitabas —dijo él encogiéndose de hombros como si no fuera importante.—Pero ¡cómo te atreviste! ¡No es tu derecho tirar nada mío! —le gritó ella con rabia.—&
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