Mundo ficciónIniciar sesióna psiquiatra Claire Jillian Davenport vacaciona con su esposo en el lujoso Hotel Olympo en medio de Los Alpes suizos, sin embargo, su paz y anhelo de descanso se ven frustrados cuando el multimillonario empresario, Henry Preston Blackwood, es asesinado a sangre fría en las escaleras principales del hotel, dando inicio a un entramado misterio lleno de múltiples sospechosos, además de la aparición sorpresiva de una persona sin identificar que trae consigo una amenaza malévola.
Leer másSuas mãos tremiam e seu coração batia forte. Cada segundo a aproximava do fim de uma espera que dificultava sua respiração.
O casamento dela acabou em três, dois, um...
Positivo.
O terceiro teste rendendo o mesmo resultado, marcando o erro.
Em poucos dias ela passaria por inseminação, como ela deveria fazer se já estava esperando um bebê?
Ele ficou na beira da cama, olhando fixamente.
Marlene, a empregada, percebeu como Lorena estava mal.
- Posso saber se algo está errado com ele? - ele questionou ganhar a atenção dela -. Eu a sinto triste.
Porque ele teria um filho com ela e Max, seu amante.
Embora tenha sido apenas uma noite, mas infelizmente o suficiente para engravidar.
Como eu poderia sorrir com aquela notícia terrível?!
Nada disso estaria acontecendo se o idiota Max tivesse usado proteção.
- Só preciso ficar sozinha.
- Isso é um teste de gravidez? - a mulher indagou, fixando os olhos no objeto que segurava, Lorena escondeu antes de ver o resultado -. Não fique triste, se não foi hoje, será outro dia.
"Você está demitido -" ela governou cansada de sua intromissão.
Não seria a primeira vez de qualquer maneira.
- Sra...
- Vai se foder, eu disse!
A mulher implorou que ele a perdoasse, que ela não tinha para onde ir, porém ela não deu o braço para torcer. Ele não tinha compaixão.
No dia seguinte eu estava tentando evitar os sintomas da gravidez.
Ela vomitou em algumas ocasiões e teve que ficar na cama, garantindo ao marido que andaria por aí com um vírus raro. Silvain não foi trabalhar, apenas ficar com ela e cuidar dela.
- E você está dizendo que eu não deveria chamar o médico ou levá-lo para um check-up? - ele censurou preocupado.
- Vou superar, não é a primeira vez. Só tenho que ficar na cama.
- Querida, você não vai engravidar?
Ela congelou.
"Não, quem me dera", gesticulou dissimulando.
Silvain a mimava e cuidava muito dela naquele dia, enquanto a culpa aumentava nela pelo ocorrido.
O que mais a deixou Nervosa foi o dia da inseminação e nada por vir. Talvez ele devesse fingir que se submeteu ao processo, sem realmente fazê-lo.
Essa era sua única saída.
Depois de um tempo ele se sentiu melhor.
"Graças ao seu cuidado, eu melhorei -" ela sussurrou, envolvendo os braços em volta do pescoço dele.
- Porque eu te amo, sempre serei o melhor incentivo para você - disse a ela antes de bater os lábios nos dela, Lorena o recebeu com culpa.
...
No dia do procedimento, a esposa do CEO realizou o plano. Enquanto dirigia para casa, depois de "ir" para o hospital, uma jovem sobrecarregada acordou em um quarto desconhecido.
Raquel, desorientada se viu olhando em todas as direções. A terrível miopia que o acometia o impedia de se localizar instantaneamente, só quando alcançou os óculos em uma mesinha ao lado da cama, onde ela estava prostrada, ele soube.
A última coisa que ela lembrou, depois de sofrer uma descompensação, foi ser ajudada por James, e a realidade se desintegrou.
Ele inspirou, antes de sair da cama. Por que ele teve um IV? Ah sim! Ela foi tratada por seu problema de diabetes.
No entanto, Rachel não tinha ideia de que depois de ser levada para um quarto por engano e ser inseminada, ela acabaria grávida.
- Rachel, você me preocupou muito! - o menino a abraçou, feliz por vê-la melhor. Você está bem?
"Eu acho que sim, obrigado por me salvar—" ela sussurrou confusa. O que estávamos tramando?
James limpou a garganta. Este não era o lugar ou a hora de pedir para ela ser sua namorada. Sua confissão tímida, horas atrás, foi novamente adiada.
Raquel assentiu ao sair do local.
...
O tempo voou, naquele sábado eu daria a notícia para ele. Lorena informou ao CEO sobre sua gravidez, dando-lhe felicidade, era o que ele queria, ser pai.
Ele preparou uma caixinha branca na qual colocou um daqueles testes, durante o processo Max veio a sua mente, a loucura que eles fizeram. Um erro imperdoável, mas que poderia ser corrigido.
Silvain estava aprovando uma ideia, revisando relatórios e outros arquivos em seu laptop.
Ela o surpreendeu ao deixar a caixinha no colo.
Ele olhou para ela com curiosidade.
"Apenas abra", ela o encorajou.
A expressão o mudou completamente.
Ele não deu crédito.
- Finalmente conseguimos! - comemorou em vez disso, dando-lhe um abraço e recebendo lágrimas de alegria.
"Sim, querida, vamos ser papais -" acrescentou, tornando a mentira maior.
A decepção havia começado, assim como o pesadelo da jovem inseminada por engano.
Dahlia Blackwood siempre había preferido su apellido de soltera, era de las pocas cosas que no tenía en duda en esta vida, de eso y de que cada día que pasaba se llevaba más de ella, de su felicidad y de sus ganas de vivir. Ahí, recostada sobre la baranda de aquel balcón con vista a todo Manhattan, incluido el Central Park, evidenciaba lo pequeña e insignificante que era para el mundo. Le era de lo más sencillo visualizarse abajo, en medio de la calle, con los sesos fuera de su cuerpo debido a la caída y bien muerta. Lo deseaba, lo anhelaba, su cuerpo le gritaba que lo hiciera, sin embargo, nunca se había atrevido, y algo en su interior le decía que jamás se atrevería.Era mitad de otoño, y gastaba otra hora del día, como cada día, en el balcón del pent-house donde vivía y al cual veía más como una cárcel de oro que como un hogar.
Claire Jillian Davenport no sabía cómo hacer un interrogatorio policial, pero la mitad de su vida laboral se basaba en escuchar a los pacientes decir sus verdades, sus secretos, sus pecados, las cosas que nadie más desea escuchar o las cosas que algunos no pueden guardarse más. Sus pacientes eran de lo más peculiares. Trabajaba como directora de un hospital psiquiátrico en San Francisco, California y amaba su trabajo.Lo que estaba a punto de hacer debía ser, si quizá no igual a las consultas con sus pacientes, muy similar. No había escogido los lugares para llevar a cabo el interrogatorio, o como ella prefería llamarlo la “entrevista”, al azar. Los había calculado. Recordaba con claridad algo que había leído en algún texto académico: las personas tendían a ser más sinceras cuando el ambiente es ameno y familiar para ellos, y aún mucho m&aa
—¿Con qué investigadores? ¿Es usted acaso uno y prefirió callarlo? —refunfuñó el señor Ming.—Está claro que no, pero tenemos una doctora psiquiatra. Algún conocimiento debe tener sobre criminalística, ¿o me equivoco, doctora Davenport?—No se equivoca, señor Tadashi, pero son conocimientos demasiado vagos, probablemente inútiles. No me considero idónea para hacer un diagnóstico sobre un hombre asesinado.—Tendrá que esforzarse —dijo el coronel con tono militar. Claramente era una orden.—¿Y si no quiero? Ya les dije que no tengo ningún secreto que esconder, incluso el Señor Mundo lo confirma. No me preocuparía no darle ningún nombre. Podría seguir igual de tranquila.—¿Tan tranquila aun sabiendo que su esposo sí esconde secretos? &mdas
—¡¿Por qué la nombra el asesino?! —preguntó la señorita Komarova con nulo tacto, observado a Claire con sus ojos grises.Claire había quedado sin palabras luego de escuchar el disco. ¿Por qué alguien que se hacía llamar Señor Mundo la nombraba como la única inocente? No tenía la menor idea. Hizo un repaso rápido y totalmente infructuoso de su vida. Nacida en Brisbane, Australia. Criada por su madre, una vendedora de bienes raíces, y su padre, un chofer. A los 18 se trasladó a estudiar a Sídney. Luego de muchos años se graduó como doctora e hizo una especialización en psiquiatría. Tuvo unos 5 novios, el último había sido Pietro, con quién se casó. ¡No había nada sobre un Señor Mundo!—Nos nombró a todos, no solo a Jill —aclaró Pietro, saliendo en su
—Creo que deberíamos permitir que el hombre hable, ¿no creen? —dijo el señor Kurida, con una voz básica y monótona, pero a la misma vez diplomática. Debía ser de la misma edad que Pietro y Claire, o al menos eso parecía. Sus ojos eran muy rasgados y su cabello tan liso que con el menor movimiento se batía. Claire percibió que su vestimenta era distinta a la de los demás caballeros. Sobre su cuello yacía una camisa blanca muy planchada, sin una sola arruga, bajo un suéter gris, unos pantalones negros y zapatos de vestir —. Continúe, si es tan amable, señor Mhaiskar.—Como decía, todo el… el personal es inocente porque Monsieur Blackwood se... se encontraba en el… el segundo piso a la hora de su… su muerte, igual que la totalidad de los… los huéspedes, momento en que todo el… el personal llevaba a cabo
—Entonces ya… está. Dame Amelia Elizabeth Wilde hospedada en la… la Suite Jaune… y en ese…ese orden seguiría…—No seguiría yo, y tampoco soy una afamada y bella actriz —aseguró un hombre de voz gruesa, masculina y con un acento cautivador mientras hizo una venia en dirección a la señora Wilde —, pero también tengo un título especial. —Esta vez, Pietro pudo advertir como las miradas de las mujeres se dirigían al hablante, a excepción de la chica de la alfombra que observaba su celular —. Soy el coronel Emilio Jacobo Santodomingo Borrás, del ejército colombiano.—Coronel Emilio Jacobo Santodomingo Borrás hospedado en... en la Junior Suite Bleu…Pietro se encontró así mismo celoso cuando vio que Claire no podía quitar la mirada del coronel, y los celos se convirtieron en r
Último capítulo