Mi Extraordinario Romance con el Duque

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Resumen
Índice

Una deuda dejó a Norah sin nada, la mansión, el dinero, el poder, ya no había nada para ella más que una opción. "¿Qué es lo que quieres?" "Cásate conmigo," dijo el hombre que ella odiaba con desesperación, y que finalmente fue quien la salvó.

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Capítulo 0. Dragones
«Los dragones son una raza orgullosa, no se acercan ni sienten piedad por los seres debajo de ellos, los dejan sufrir los imprevistos del tiempo y los dejan morir por las atrocidades de la naturaleza. Miran desde arriba, observan cuidadosamente y se entretienen.»  «Nunca pienses en controlar a un dragón, o solo será tu desdicha.»  Las palabras del Duque Fernando de Kobach resonaron como un eco en la mente de Norah, aún lo recordaba, después de casi un año de haberlo visto por última vez, sus palabras aún la perseguían en sueños. Desde el día en que las abandonó, a ella y a su madre, solo había recuerdos de esa vida con él, de su cara antes de que cayera en el círculo de vicio y adicción en el que se hundió.  ―¡Señorita Norah! La puerta retumbaba con lo
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Capítulo 1. Un Seguro
—Entonces, ¿a qué ha venido, Su Excelencia? El hombre sentado frente a Norah con su taza de té humeante y sus ojos grises puestos sobre ella, la miró sin ningún ápice de ternura ni gentileza. Sin embargo, una llama de resentimiento era fácil de notar dentro de esos fieros ojos grises, que en otra ocasión serían tan fríos e inflexibles como un cubo de hielo.  Norah ya estaba acostumbrada a tales miradas. Nadie tenía que decirle que ese hombre que hace dos meses había llegado a su destartalada y abandonada mansión y le había propuesto matrimonio, realmente no la quería.  ―¿No está siendo un tanto descortés, Señorita Kobach? ―Su Excelencia, como verá no tengo el lujo de ofrecerle tiempo, ni cortesías. Albert sonri
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Capítulo 2. Un Seguro
Norah aún tenía planeado vender la propiedad y marcharse con su madre después de pagar a los cobradores, pero ahora ya no veía ninguna esperanza. Todo se derrumbó en un segundo.  —Yo… yo no tenía idea de esta nota. Nos… nos iremos de aquí, no tenemos mucho, así que partiremos hoy mismo.— sus labios temblaron y sus manos no paraban de estrujar el papel. No quería derramar lágrimas, no frente a ese hombre, pero le era difícil. Por primera vez en su vida, sintió el miedo sacudirle la espina y llenar sus pulmones.  —Sigues siendo tan orgullosa, Norah, aun cuando ya no tienes nada… —Albert suspiró y se reclinó en el sofá como el dueño del lugar por fin regresando a su trono— El terreno está rodeado, si no fuera por mis hombres que lo vigilan y protegen, tú y tu madre ya hubieran sido vendidas como esclavas. Deberías estar agradecida conmigo. 
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Capítulo 3. Un Suspiro
―Te dejaré despedirte de tu madre, después vendrás conmigo a la mansión. Nos casaremos en una semana.  ―Esto es demasiado rápido… yo… yo… ―Los preparativos ya están listos. Desde hace dos meses, Norah.  Albert se separó de ella, pero bajó sus labios para besar con gentileza su mano y despedirse. Después abrió la puerta y la cerró al salir sin mirar atrás, dejando a Norah aún con el corazón palpitando como un tambor de guerra. Fuerte, sin aliento y con ansia y deseo al mismo tiempo. Su mano aún ardía con el beso dulce y tenue, con la sensación de los labios aún centelleando en su piel. Sentía las piernas echas gelatina y se tuvo que sentar de nuevo para tranquilizar su corazón y respirar profundo. No entendía qué la había hecho dejarse llevar por tan extraña
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Capítulo 4. Un Suspiro
Tres días antes de la boda, Norah se acomodó en una pequeña alcoba con vista a un maravilloso jardín de flores blancas y pequeñas fuentes. El cuarto apenas si tenía una cama con dosel de cortinas blancas y transparentes, un ropero con algo de su ropa que apenas si ocupaba un pedazo del enorme espacio yacía en una esquina, y una mesita con una silla se veía en un rincón,  la adornaba un pequeño florero y un espejo.   Era simple, limpio y tranquilo, un lugar perfecto para descansar y relajarse de la áspera vida que había llevado los últimos meses. Pero, incluso con la calma y paz disfrazada, faltaba la risa de su madre, su cálida voz que la despertaba cada mañana y la hacía sonreír todo el tiempo. No importaba cuán lujosa era su vida ahora, nunca estaría completa sin las personas que amaba.  Se levantó esa mañana como siempre, con el sonido
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Capítulo 5. Un Suspiro
Algunos días después, un vestido largo y blanco con pequeñas gemas cayendo de la suave falda de seda, y con arreglos de flores azules y pequeños detalles en el corsé, adornaba la hermosa y esbelta figura de Norah.  Sus finos cabellos plateados, tan delicados como porcelana, estaban peinados en un estilo elegante, alto, con una pequeña corona de gemas blancas y azules en la parte de arriba. Un velo transparente y delicado bajaba sobre su espléndida cara, aunque de ninguna manera arruinaba la fascinante imagen de la novia, en cambio la exaltaba con misterio y expectación. Nadie en el reino podría negar que ella era una mujer que se había ganado la adoración de una larga fila de pretendientes. Nadie, sin embargo, había esperado que el Duque Albert Bailler, el eterno enemigo de la familia Kobach, sería el elegido. Leer más
Capítulo 6. Un Suspiro
―Mmm… espera… ―No… eres mía… solo mía...   La boca de Norah se abrió más y Albert procedió con un beso más profundo, más íntimo. Las manos de Norah sujetaban los fuertes brazos que la tenían contra él, no dejando que se moviera ni un solo centímetro.  Fuerte, hacia su pecho, Norah sintió el palpitar de su corazón retumbar como un tambor de guerra, pero no podía separarse. Él la seguía guiando, seduciendo a plena vista de los asistentes y de los dioses que habían presenciado su unión. La mano que rodeaba su cintura y la apretaba hacia él, transmitía más que calor y deseo. No era el pulcro beso de una ceremonia de bodas, ni siquiera tierno o gentil, pero lleno de pasión y sentimiento, como si quisiera transmitirle un secreto, pero a la vez, esperaba a qu
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Capítulo 7. Un Día Más
—¿Qué… qué hace aquí? Norah despertó después de unas horas de preciado descanso. Luego de la fiesta y la cena, se había despedido pronto para reposar. A los invitados no parecían importarles su ausencia. Cuando llegó a la habitación donde viviría por el resto de sus días, no hizo gesto de llamar a las sirvientas para ayudarla a quitarse el vestido, las dejó irse y se tendió en la cama. Durmió.  El cielo ya había oscurecido y solo la luz de las velas alumbraba la lujosa habitación. Sin embargo, ella no estaba sola.  —Es nuestra primera noche juntos, esposa―,  Albert la miró desde el otro extremo de la cama— No creerás que haré que corran rumores por ahí de que nuestra unión no es más que una simple transacción. ¿O si? Leer más
Capítulo 8. Un Día Más
Norah lo empujó cuando los dedos de Albert ya se movían dentro de ella, preparándola para él.  ―¡Detente… ah!  La hacía gemir, pero el pequeño fuego de llamas azules en su mano no se agotaba; se volvía más grande, más fuerte con cada grito.   —¡No!— gritó cuando sintió el fuego expandirse a su brazo. No quería lastimar a nadie. Entonces lo empujó con el pie.   Albert la miró sorprendido. Ella estaba desnuda y asustada, con sudor en su frente y marcas en su cuerpo, sobre sus pechos y cuello.  —Yo… yo no… —Norah no lo entendía, la llama se extinguió de repente. Había sentido algo dentro de ella, como si quisiera salir de ella, y explotar. No era solo el éxtasis que ese hombre le había pro
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Capítulo 9. Un Día Más
«Creo que los rumores no son verdad después de todo.»    La noche anterior, una sirvienta había visto al Duque salir con expresión de enojo de la habitación. Nadie quería especular de más, pero la situación no parecía la mejor para los recién casados. Salir de esa manera, solo indicaba que el Duque no estaba satisfecho con su esposa, y que el título de Duquesa solo sería en nombre y para cubrir las apariencias.  ―¿Nina? ―Si, milady.   Nina se apresuró a servir la taza de té. A decir verdad, ella también pensaba que la nueva Duquesa tendría una actitud horrible. Los nobles que visitaban la casa del Duque murmuraban terribles cosas acerca de ella, incluso los caballeros de la guardia y otras sirvientas de casas ajenas lo decían.
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