95.

Los sirvientes y los otros caballeros se quedaron atónitos por la fiereza de la Duquesa, nunca habían pensado que tomara la espada y los enfrentara. 

Para Norah, el uso de la espada no era nada inusual. Su padre la había entrenado, su madre también era diestra en varios tipos de armas. Sin embargo, nunca pensó verse obligada a utilizar esa habilidad para defenderse dentro de su propia casa. Incluso pensó haber perdido el toque y la fuerza para levantar la pesada arma. 

Pero, quién iba a pensar que su pequeña llama azul le daría tantas ventajas. Se sintió vigorizada y con una energía sin igual. Incluso creía poder acabar sola con esos caballeros que no tenían nada de nobles. Si se atrevían a levantar sus armas contra su amo, aunque fuera una prisionera con

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